Todos los que somos parte de un proyecto editorial, somos responsables de cada una de las tareas que componen el cumplimiento del objetivo último: la publicación del número correspondiente. Y esta responsabilidad debe ejercerse en relación a un actor importante para las revistas científicas: el autor.
El autor o autora que desee publicar en una revista se merece un respeto por el simple hecho de haber escritor un texto y enviarlo a una publicación científica para que sea evaluado y revisado; esta premisa, tan básica en la educación social de respeto por el otro, debería estar grabada con fuego para los editores, evaluadores externos y correctores.
Para los evaluadores porque deberían saber cómo emitir sus ejercicios evaluadores y qué consideraciones deben tomar a la hora de enviar sus informes finales. Normalmente, deben recibir por parte la revista o editorial una plantilla con los criterios fundamentales que debe recoger el informe; en el caso de que no los hubiera valgan aquí unos simples consejos:
– Omisión de juicios valorativos o de corte subjetivo.
– Cuidado con la expresión o formulación sobre puntualizaciones en ciertos aspectos del artículo que se examina tales como contenido o forma.
– Orden lógico en la evaluación:
o Observación de si existe un hilo conductor temático de todo el artículo.
o En el caso de que la metodología, marco teórico u otro tipo de aspecto sobre el contenido no sea el más idóneo se recomienda que se justifique dentro del mismo texto, esto es, qué se diga dentro del mismo cuerpo del texto, en párrafo o en línea de párrafo, dónde se encuentra el error o se debe llevar a cabo la posible enmendación.
Aspectos como la sintaxis o cumplimiento de las características formales de edición, así como erratas gráficas o diacríticas, se consideran que son competencia del corrector de estilo y ortotipográfico, personas especializadas en dichas materias.
Ahora, pasamos a los editores. El respeto por el autor pasa, por ejemplo, por enviarle un informe razonado del porqué se puede publicar o no su artículo, o de las enmendaciones que deben llevarse a cabo. Un editor irresponsable es aquel que envía al autor el “corte y pega” de los informes de los evaluadores externos; estos pueden contener comentarios que pueden herir la sensibilidad del autor u otros sentimientos nada agradables.
Los correctores, y no menos importantes, son también responsables porque deben realizar su trabajo concienzudamente y argumentarlo con razón justificada desde el mismo texto. No se pueden hacer correcciones de estilo u ortotipografía a la ligera.
Todo lo dicho anteriormente puede que sea motivo de mofa para algunos pero, en los tiempos que corren en el campo de las publicaciones científicas, tampoco está de más decirlo. ¿O sí?
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